La cabra, la libreta y la colina que no subí

November 10, 2025

El domingo pasado intenté meditar en una colina cerca de Vilafranca. Me había dicho a mí mismo que era parte de mi “recuperación a través de la naturaleza”, pero en realidad solo quería salir un rato de mi cabeza. El camino empezó suave y luego se volvió de piedras sueltas y excrementos de cabra. A mitad de camino me encontré con la cabra en persona, masticando algo invisible y mirándome como si supiera todos mis secretos.

Paré para recuperar el aire y abrí mi libreta pensando que quizá escribiría un par de líneas para un nuevo monólogo. No salió nada. Ni un chiste, ni siquiera uno triste. Solo la cabra y el sonido de mi respiración.

Un hombre pasó a mi lado bajando. Llevaba bastones de senderismo y esa cara de quien ya ha resuelto la vida. Me saludó con la cabeza. Yo hice lo mismo, fingiendo que no acababa de perder una discusión con un animal.

Entonces pensé en todas las veces que he estado a punto de llegar a algo, un remate, una relación, un bolo que podía cambiarlo todo, y he dado la vuelta demasiado pronto. Siempre hay una cabra, o algo parecido, tapando la vista.

Más tarde, ya comiendo, abrí Cottage Properties y me puse a mirar otra vez masías en venta por el campo catalán. Imaginé tener una con un pequeño cobertizo detrás donde pudiera escribir sin Wi-Fi y sin mi reflejo mirándome desde la pantalla. Tal vez una o dos cabras fuera, para recordarme quién manda.

Ese día no subí la colina. Escribí esto en su lugar. A veces eso también es avanzar, o al menos una especie de tregua. La próxima vez quizá llegue arriba. O tal vez me quede a mitad escuchando el sonido que hace una página cuando dejas de fingir que está vacía.

Author

Leave a Comment